Historieta que resalta el ingenio del Ejército Libertador. Oliverio repara el reloj de la guardia y lo entrega a Elpidio Valdés y María Silvia. En ausencia del reloj, habían ideado un mecanismo improvisado con una cazuela, un hilo y piedras de río, para marcar los relevos de guardia. Inspirado por este sistema, Pepe había diseñado su propio despertador, que funcionaba golpeándole la cabeza con una piedra cada vez que debía despertarse.
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RM-00291